La antropología de Emanuel Mounier

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La realidad personal en el pensamiento de Emanuel Mounier

El hombre, en la visión de Mounier, se posee a sí mismo sólo en la medida en que se ofrenda a la historia. La vida, el pensamiento y la historia son para Mounier inseparables.

  1. EL HOMBRE Y SU TIEMPO

1. Mounier y su generación

Es impresionante el testimonio de Mounier contra toda forma de injusticia, rechazó las posibilidades políticas que le fueron ofrecidas tras la liberación. Es considerado católico ejemplar, su evangelio fue el “Evangelio de los pobres” que le lleva a la denuncia audaz del acomodamiento fácil del evangelio al mundo, que traiciona la realidad profunda de “la presencia de Dios” en los hombres. Dice este personalista: “Todo el que no experimente en primer lugar la miseria como una presencia y una quemadura en sí mismo, nos hará objeciones vanas y objeto de polémicas”.

2. La reacción necesaria

La vocación de Mounier se perfila bajo tres convicciones:

1) El sentimiento… de que un ciclo de creación francesa se había cerrado, que había cosas para pensar que no se podían escribir en ningún sitio; que a nosotros, pianistas de veinticinco años, nos falta piano.

2) El sufrimiento cada vez más vivo de ver a nuestro cristianismo solidarizado con lo que yo llamé un poco más tarde “el desorden establecido”, y la voluntad de ruptura.

3) La percepción, bajo la crisis económica naciente, de una crisis total de civilización.

Se hacen presentes con vivacidad los movimientos de acción católica, la juventud obrera está decepcionada del marxismo. La reacción se generaliza y la mentalidad revolucionaria busca un tercer camino entre el capitalismo y el marxismo.

La crisis que la civilización atraviesa es la crisis del hombre mismo. Nace el Esprit como movimiento de pensamiento y acción, antepone una obra de creación, reencarnando en el hombre la conciencia de lo que él es. Y él es, antes que nada, existencia carnal, donación, libertad en la comunicación, trascendencia de la naturaleza y de sí mismo. La revolución proclamada por Mounier debe hacer espirituales a los revolucionarios y revolucionarios a los espirituales. La revolución espiritual es el cambio del corazón.

Su ideal no es el del líder político o del héroe nacional, sino el del santo, héroe de la caridad, que no conoce partidos ni compromisos parciales, sino la exigencia de hacer presente en la historia la fraternidad única e igualitaria de los hombres.

La revolución tiene los siguientes matices: romper el silencio de lo intolerable y testificar con la acción de denuncia de todo individualismo, de toda reducción de lo espiritual. Esta reducción es urgencia de rehacer el amor en el mundo, de estar en contra de todos los satisfechos. Lo espiritual, es igual a lo personal, es fuerza nerviosa de creación, libertad de iniciativa, principio de actividad, inclinación al mundo, promesa de amistades múltiples, ofrenda de sí mismo. Hay un divorcio entre la materia y el espíritu, del pensamiento y la acción.

  1. LA REALIDAD PERSONAL

Para Mounier los existentes son, su filosofía, como la de Husserl, parte de la conciencia como intencional. Para él la conciencia es siempre conciencia de algo, y el objeto es objeto para un sujeto. Una sola parcela de realidad es siempre inobjetivable. Esta es la persona, que será siempre realidad subjetiva recíproca.

La noción de existencia intencional es un presupuesto, que va delimitando la persona como síntesis dialéctica de encarnación y trascendencia, objetividad y subjetividad, mediación y libertad.

1. Aproximación dialéctica

a. Existencia incorporada: encarnación – trascendencia

El espíritu es para él del orden de la unificación. El espíritu es la faz misma del hombre que es <ser en el mundo… y su condición sólo puede ser alcanzada como condición encarnada… Así como n vive y no existe en independencia de los otros, la persona no vive y no existe independientemente de la naturaleza>. Descubrir la significación de su encarnación temporal es tarea inapelable para el hombre. Al ser existencia intencional, es existencia carnal.

El sentido de la encarnación es en Mounier clave de la interpretación de la persona, así como la encarnación es presupuesto de su interpretación de la historia. Toda revolución personalista y comunitaria comienza con la mordedura de la miseria. El hombre está arraigado en el mundo.

En el hombre se da una revolución moral, que a su vez es consecuencia de una revolución económica ya que la disponibilidad interior empieza por la condición exterior.

La condición corpórea de la existencia enfrenta al hombre con una tendencia despersonalizadora. Lo inclina al reino de lo impersonal, a la objetivación, a su cosificación homogénea con la naturaleza.

La persona trasciende la naturaleza puesto que ella conoce el mundo, le hace objeto de su existencia intencional; trasforma el mundo, que es otro modo de trascenderlo; hominiza la naturaleza. A través del hombre, el mundo adquiere significado humano en cuanto la interioridad de la persona lo asume.

Encarnación y trascendencia son principios dialécticos… Ambos recubren toda la realidad del hombre. Hay un requerimiento recíproco de ambas dimensiones.

b. Objetividad – subjetividad

El personalismo coincide con el existencialismo en la primacía otorgada a la existencia como realidad espiritual continuamente surgente. Coincide en la concepción dramática de la existencia, en su finitud y en el sentido de la muerte. Sin embargo, Mounier rechaza la depreciación sistemática que el existencialismo hace de la objetividad que conduce a Kierkegaard a convertir al <único> en una realidad desconfiada y lleva a Sartre hasta reducir el <ser en sí> a una masividad cerrada.

Mounier, al igual que Jaspers, cree en la doble vertiente objetivo-subjetiva que debe ser asumida como totalidad de la realidad personal y que experimentamos como <destino desgarrado, trágico…, como situación límite>. Emanuel integra al existente en la naturaleza y en la historia, como germen de creación y trascendencia de toda condición.

La subjetividad es objetiva y la objetividad subjetiva. La perspectiva de totalidad es dislocada tanto por el existencialismo (subjetividad) como por el marxismo (objetividad). El pensamiento personalista tiene en consecuencia que reconciliar a Marx con Kierkegaard. Reconciliación sólo operable al nivel de la persona comprometida en la naturaleza y en la historia.

c. Mediación – libertad

La libertad reclama unas mediaciones objetivas (biológicas, sociales…), condición necesaria para su realización como acto libre. Toda esencia es esencia de un acto. Al nivel de la realidad personal, libertad y mediaciones se reclaman como cara y cruz de la misma unidad espiritual. Las mediaciones objetivas hacen efectivas la libertad. La esencia, la objetividad, es siempre anterior en una filosofía de la condición humana, pero toda esencia es por la libertad. A nivel histórico, preceden a la libertad la situación, el ser en el mundo. Cualquier situación mundana es por la libertad.

Según Mounier, la mediación es nuestra servidumbre en cuanto la libertad es poder de afirmación infinita, ilimitada; y también es nuestra disciplina saludable pues ella se injerta en una existencia intencional, pendiente del mundo, del otro de la ley.

Las mediciones biológicas… deben ser asumidas como condiciones de posibilidad de la libertad y autonomía interior de la persona y de las libertades históricas concretas. A su vez, la libertad y las libertades deber ser conquistadas sobre las mediaciones. La libertad conquistada sobre el mundo de la mediación es la auténtica libertad espiritual. La persona libre y autónoma encuentra su plena realización y desarrollo en la obra en común, lugar privilegiado de la libertad y de la iniciativa de la persona.

2. La definición imposible

La realidad personal escapa a la dimensión objetivo y no puede ser definida. Más que una definición se encuentra en ella una doble descripción: negativa y positiva.

La persona no es una parte de un todo. No es ni la conciencia que tengo de ella ni mi individuo.

La persona es actividad vivida de auto-creación, de comunicación, y de adhesión, que se aprehende y se conoce en su acto.

Su conocimiento es posible sólo a través de un acto de su misma naturaleza. Es conocimiento como descripción y experiencia de su acto.

La persona es la protección del misterio. Para Mounier se definiría como inobjetivable y sólo perceptible en la actividad personalizadora.

La distinción entre persona e individuo delimita un poco más el perfil de la persona: el individuo es cerrazón en lo singular, negación de trascendencia, en contra de la apertura de la persona.

3. Dimensiones de la persona e historia

Las dimensiones de la persona son:

· La encarnación reclama la presencia en la historia. Mounier exige el afrontamiento con el mundo, el deber de la renuncia individualista al mismo tiempo que la obligación de compromiso con el acontecimiento.

· La vocación impulsa a la persona a un movimiento de concentración-exteriorización. La exterioridad, la acción… se nutren de la riqueza creativa interior.

· La comunicación. El personalismo tiene la misión de realizar progresivamente la comunicación de conciencias y la comprensión universal. La persona es comunicable por naturaleza. Su acto primero es suscitar con otras una sociedad de personas (salir de sí, comprender, asumir el destino del otro, dar y ser fiel).

· La trascendencia. Doble trascendencia, espiritual y metafísica. Espiritual, la persona sobre la naturaleza; metafísica, de la persona sobre sí misma. La trascendencia está orientada, dirigida por los valores. Para el personalista cristiano todos los valores se agrupan bajo la llamada singular de una persona suprema

  1. LA PERSONA EN EL MUNDO

1. El compromiso

El compromiso histórico no es el político. Su intención fundamental es pedagógico-educativa por una parte y su acción, por otra, fijar las líneas precisas de conducta, pero independiente de las obediencias partidistas. El compromiso tiene un polo político y un polo profético. Es preciso que el segundo se alimente del deber ser.

El personalismo debe imprimir a las instituciones un condicionamiento negativo que consistirá en no hace jamás de la persona una víctima o un instrumento; una orientación positiva que luchará para brindar, a un número cada vez mayor de personas, los medios y libertades eficaces para que puedan realizarse como personas.

2. Perspectivas del régimen personalista

Mounier especifica una Declaración de derechos de las personas y de las comunidades en 1939. Estos derechos tiene doble raíz: el bien de las personas y el desarrollo normal de la vida de éstas en el seno de las comunidades naturales.

Los derechos se concretizan en las estructuras del régimen personalistas:

1º) Sociedad económica: Mounier es explícito en la urgencia de la socialización sin estatificación de los bienes, vida sindical, la rehabilitación del trabajo y su primacía sobre el capital, la promoción de la persona obrera y la denuncia de todo compromiso paternalista…

2º) Sociedad familiar: se trata de una estructura carnal. Descubrir y llevar a término la vocación de cada uno de sus miembros es su principal función. La autoridad es un servicio. La mujer casada, al igual que sus hijos, deben encontrar en la legislación una protección de su vida personal y la garantía de sus posibilidades, al igual que los varones.

3º) La sociedad nacional e internacional: la nación es el elemento integrante de la vida espiritual, como posibilidad de desenvolvimiento razonable de las potencialidades del hombre. Comunidad realizada entre pueblos y no entre gobernantes, excluyendo toda forma de racismo y de colonialismo.

4º) El estado y la democracia: la soberanía democrática no debe fundarse sobre la mayoría racional y socialmente organizada en un orden jurídico.

5º) La educación: será promoción de una personalidad y labor que no adapte al niño a un medio familiar, social o estatal. Debe educarse en libertad creativa. La cultura será transformación profunda del sujeto, que lo predisponga a mayores posibilidades por medio de más llamadas interiores.

  1. CONCLUSIÓN

Para Mounier no es posible una antropología eidéntica a partir del análisis del concepto de hombre. Para hablar del hombre reclama el recurso al método empírico, buscando las trazas de su vida en la historia.

El personalismo propugnado por Mounier es perspectiva, método y exigencia.

Como perspectiva opone un realismo espiritual al idealismo y al materialismo abstractos.

Como método, el personalismo rechaza el método deductivo y el empirismo. Su perspectiva está más allá de lo propiamente humano. Su antropología está ligada a esta tensión de la persona con el mundo y con la trascendencia y no a la deducción conceptual a partir de la estructura de una filosofía primera.

Como exigencia, el personalismo es exigencia de compromiso total y condicional a la vez. Total en cuanto que debe comprometerse en la historia. Parcial, porque el desacuerdo interno del hombre hace oscilar sus civilizaciones ya hacia la complacencia solitaria, ya hacia el aturdimiento colectivo, ya hacia la evasión idealista.

Bibliografía

REALE GIOVANNI y Darío Antiseri. Historia del pensamiento filosófico III. Barcelona, 1995, p. 639 ss.

Elaborador: Cristhian Benito Gómez Báez

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